EDITORIAL|Debate político y redes sociales en Valsequillo
La normalización de la crispación
El último episodio de insultos reabre la reflexión sobre la crispación permanente en la vida pública municipal
Casas Consistoriales de Valsequillo/Iris Morales/VA.La polémica surgida en Valsequillo por los insultos dirigidos al alcalde Juan Carlos Hernández Atta —“chatarra” y “basura”, entre otros— es, sin duda, reprobable. Nadie debería acostumbrarse a que la descalificación personal sustituya al debate político. Y, por tanto, corresponde censurar ese tipo de comportamientos vengan de quien vengan.
Ahora bien, conviene también situar los hechos en su contexto real. Hoy algunos se rasgan las vestiduras porque un simpatizante de ASBA haya cruzado la línea del respeto institucional, pero basta una breve incursión por las redes sociales para comprobar que este no es un fenómeno nuevo ni aislado. Durante años, anteriores responsables municipales, hoy en la oposición, han sido y continuan siendo objeto de insultos de todo tipo, ataques personales y campañas de descrédito igualmente duras, cuando no peores. Y entonces el escándalo fue mucho menor.
Lo que estamos viendo no es un episodio excepcional, sino un capítulo más de un clima que se ha ido deteriorando progresivamente. La política local lleva demasiado tiempo trasladada al terreno emocional de la confrontación permanente, donde el adversario deja de ser rival para convertirse en enemigo. Ese caldo de cultivo no nació ayer ni lo ha generado una sola parte: es la consecuencia acumulada de años de enfrentamientos, reproches y permisividad social ante el insulto.
Por eso, el debate no debería centrarse únicamente en quién insulta hoy, sino en por qué se ha normalizado insultar siempre. La reacción selectiva —indignarse solo cuando afecta a los propios— no ayuda a rebajar la tensión; la perpetúa. Si algo demuestra este caso es que el municipio sigue atrapado en una espiral de crispación que cambia de protagonistas pero no de guion.
Lo ocurrido, por tanto, es grave, sí, pero sobre todo es sintomático. No inaugura nada. Solo confirma que Valsequillo continúa instalado en una política donde la discusión pública se contamina con demasiada facilidad. Y mientras no exista un rechazo transversal y coherente al insulto, independientemente de quién lo sufra, episodios como el de hoy seguirán repitiéndose.
Nada novedoso, por desgracia. Solo otra escena más en una larga secuencia que el municipio necesita empezar a cerrar de una vez.










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