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Valsequillo celebra cuatro décadas de una tradición única

El Perro Maldito desata el caos ante miles de personas en su histórica 40ª edición

Más de 350 vecinos hicieron posible un espectáculo marcado por la crítica social y la participación popular

Redacción | Valsequillo

Cuarenta años después, el Perro Maldito volvió a escapar de las sombras para adueñarse de Valsequillo. Y esta vez no regresó solo. Los 39 perros que han encarnado al personaje a lo largo de la historia reaparecieron en una madrugada de fuego, humo, teatro y provocación que convirtió el casco del municipio en un enorme escenario. Miles de personas asistieron a una edición concebida no solo para celebrar el aniversario, sino para recuperar las raíces comunitarias de una de las manifestaciones populares más singulares de Canarias.

 

Valsequillo vivió durante la pasada madrugada una de las noches más especiales de su calendario festivo con la celebración de la 40ª edición de la Suelta del Perro Maldito, que este año llevó por título El Poder del Caos. Más de 250 vecinos participaron directamente en la representación teatral, aunque el dispositivo artístico y organizativo completo reunió a más de 350 personas. 

 

La edición de 2026 estuvo marcada por la recuperación de la esencia identitaria, comunitaria y asamblearia del espectáculo. El Ayuntamiento devolvió las riendas de la organización a los propios vecinos, que durante meses participaron en reuniones y asambleas para decidir el rumbo de la representación.

 

Los 39 perros regresaron

El espectáculo comenzó como una gran y siniestra fiesta de cumpleaños por las cuatro décadas del personaje. Una voz en off recordó los “cuarenta años” de miedo, hambre y odio antes de anunciar que aquello que nunca había desaparecido volvía a salir de las sombras.

 

Fue entonces cuando se produjo uno de los momentos más simbólicos de la noche: los 39 perros de las anteriores ediciones hicieron su aparición. Por primera vez se reunieron sobre el escenario todas las personas que, a lo largo de la historia de la Suelta, habían encarnado este papel, convertidas ahora en el séquito del Perro Maldito de 2026. 

 

La imagen permitió condensar cuatro décadas de historia en una misma escena y reforzar el carácter conmemorativo de una edición que quiso mirar al pasado sin renunciar a la crítica del presente.

 

El placer, el poder y el control

A partir de ese momento, El Poder del Caos desplegó una sucesión de bloques escénicos en los que el Perro Maldito y sus acompañantes enfrentaron al público con algunas de las contradicciones y miserias de la sociedad contemporánea.

 

El argumento bautizó como la “Santísima Trinidad del Mal” al placer, el poder y el control. Sobre esa idea fueron apareciendo diferentes escenas cargadas de dureza y simbolismo.

 

La inmigración quedó representada mediante un cayuco humano golpeado por las olas, mientras que otros pasajes abordaron la esclavitud moderna, la explotación invisible, los abusos, la explotación sexual y el tráfico de bebés y órganos. 

 

La representación buscó así incomodar al espectador y convertir al personaje tradicional en vehículo de una crítica social directa.

 

Los perros de esta edición estuvieron interpretados por Rayco Santana y Cristo Santana, encargados de verbalizar parte de ese mensaje provocador y de interpelar directamente al público.

 

El Rebotallo invade las calles

Uno de los momentos más esperados volvió a ser el tradicional Rebotallo. Los actores abandonaron entonces el espacio estrictamente escénico para mezclarse con la multitud y tomar las calles.

 

Humo, pirotecnia, sangre simulada y hasta estiércol acompañaron una secuencia diseñada para sumergir completamente al público en el universo del Perro Maldito.

 

El clímax llegó cuando el personaje ascendió en una grúa para lanzar el mensaje final de la representación: el mal no debía buscarse únicamente en una figura fantástica, sino también en la hipocresía cotidiana y en aquello que la sociedad conoce, permite y termina alimentando.

 

Un escenario de 50 metros

La conmemoración de las cuatro décadas incorporó también importantes novedades técnicas. Entre las más destacadas figuró el estreno de una plataforma escénica de aproximadamente 50 metros de longitud que transformó el casco de Valsequillo y permitió ampliar considerablemente las posibilidades de la representación.

 

El espacio fue diseñado específicamente para garantizar el desarrollo seguro de la pirotecnia y albergar un importante despliegue de efectos visuales.

 

La combinación del escenario, el fuego, la iluminación y los diferentes recursos escénicos envolvió a los miles de espectadores hasta desembocar en un potente estallido final. 

 

Más de 350 personas detrás del Perro

La Suelta volvió a demostrar que su dimensión va mucho más allá de quienes aparecen sobre el escenario. Aunque más de 250 personas participaron en la recreación teatral, más de 350 hicieron posible el conjunto del evento.

 

Maquilladores, bailarines, músicos, zancudos y actores, en su mayoría vecinos de Valsequillo, participaron en el proceso de creación y organización.

 

La música en directo tuvo también un papel destacado con la intervención de alumnado y profesorado de las Escuelas Artísticas Municipales y miembros de la Parranda Medio Jigo P’al Kilo. 

 

Precisamente uno de los elementos diferenciales de esta edición fue el regreso a un modelo de organización asambleario. Los vecinos participaron directamente en la toma de decisiones y en la construcción de una obra que quiso recuperar la esencia con la que nació la Suelta hace cuatro décadas. 

 

Fuegos artificiales y verbena hasta la madrugada

El final de la representación no puso término a la celebración. Tras la Suelta tuvo lugar una exhibición de fuegos artificiales que iluminó el cielo de Valsequillo y prolongó una noche especialmente emotiva por el aniversario.

 

La fiesta continuó posteriormente en la Plaza Tifariti, donde se celebró la gran verbena de la víspera de San Miguel con Armonía Show y el grupo Un paseo por las Estrellas, prolongando el ambiente festivo hasta altas horas de la madrugada. 

 

La multitudinaria respuesta del público y la implicación vecinal volvieron a evidenciar cuatro décadas después la capacidad de la Suelta del Perro Maldito para reinventarse sin perder sus raíces, consolidada como una de las expresiones culturales y festivas más características de Valsequillo. 

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