Yonatan Rodríguez y Sergio Ruano, a las puertas del bar El Pilar/C7/Cober. Economía| El Pilar cambia de dueño pero no de identidad
Yonatan toma el testigo de Sergio en el histórico bar de Valsequillo
El nuevo propietario mantendrá sus desayunos, plantilla, nombre y horario habitual
Hay bares que sirven desayunos y otros que, además, forman parte de la historia de un pueblo. El Pilar de Valsequillo pertenece a estos últimos. Después de medio siglo de actividad y tres generaciones vinculadas a su funcionamiento, el establecimiento situado en pleno casco urbano, junto a la iglesia y el Ayuntamiento, ha iniciado una nueva etapa con el relevo de Sergio Ruano y Juana Quintana, que durante 37 años han estado al frente del negocio. El nuevo responsable es Yonatan Rodríguez, un vecino del municipio que ya ha comenzado a familiarizarse con el funcionamiento del local y que asume el compromiso de conservar su nombre, sus tradicionales desayunos y la atención que lo ha convertido en un punto de encuentro para varias generaciones de valsequilleros.
El cambio de titularidad, del que ha informado el periódico Canarias7, supone el final de una etapa familiar y el comienzo de otra en un establecimiento que ha acompañado durante décadas la vida cotidiana de Valsequillo. La transición se está desarrollando de manera progresiva, con la colaboración de los anteriores responsables, que permanecerán durante los próximos quince días junto al nuevo propietario para transmitirle sus conocimientos y facilitar la continuidad del servicio.
Medio siglo de historia junto a la iglesia
Los orígenes del bar El Pilar se remontan a hace aproximadamente 50 años, cuando los padres de Sergio Ruano regentaban en el mismo establecimiento una dulcería que posteriormente se transformó en bar. Desde entonces, el negocio ha pasado por distintas etapas, pero siempre ha mantenido su vinculación con la familia y con la vida social del municipio.
«Mis padres lo tenían primero como dulcería y luego se transformó en bar», recuerda Sergio, que junto a su esposa, Juana Quintana, ha dedicado buena parte de su vida a mantener abierto el establecimiento.
La historia de El Pilar comprende tres generaciones familiares. A los fundadores les sucedieron Sergio y Juana, mientras que sus hijos Pablo y Alejandro también han participado en la actividad de un negocio que ha crecido alrededor de una clientela habitual.
Durante todos estos años, el bar se ha convertido en un lugar de encuentro para trabajadores, vecinos, comerciantes y visitantes que acuden al casco de Valsequillo. Su proximidad a la iglesia y al Ayuntamiento ha favorecido esa condición de espacio cotidiano para desayunar, conversar o simplemente compartir unos minutos antes de continuar con las obligaciones del día.
Sergio y Juana dan un paso a un lado
La decisión de traspasar El Pilar no ha sido sencilla para sus propietarios, que llevaban tiempo reflexionando sobre la posibilidad de dejar atrás las exigencias diarias de la hostelería.
«Llevábamos tiempo meditando y ha llegado la hora porque ya se nos hace todo un poco cuesta arriba», explica Sergio Ruano, consciente de que el negocio ha ocupado una parte fundamental de su vida durante casi cuatro décadas.
Desde que anunció su intención de traspasar el establecimiento, varias personas se interesaron por hacerse cargo de su explotación. Finalmente, el relevo ha recaído en Yonatan Rodríguez, vecino de Valsequillo, que ya ha comenzado a trabajar en el local.
La salida de Sergio de detrás de la barra supondrá uno de los cambios más visibles para los clientes habituales. Durante años ha sido la persona que conocía las preferencias de muchos de ellos, hasta el punto de saber qué café o qué bocadillo deseaban antes incluso de que realizaran el pedido.
Esa relación de cercanía constituye una de las señas de identidad que el nuevo propietario quiere conservar.
De cliente de niño a propietario del bar
Para Yonatan Rodríguez, asumir la gestión de El Pilar supone cumplir una ilusión personal. Aunque su experiencia profesional procede de otro sector, reconoce que siempre había deseado ponerse al frente de un establecimiento de estas características.
«Vengo de otro sector, pero siempre tuve la ilusión de poder tener un bar así», explica el nuevo responsable, que conoce el negocio desde su infancia.
«Es una gran responsabilidad, porque este lugar tiene mucha historia. Yo venía de niño y ahora estaré al frente, pero espero estar a la altura de las circunstancias», añade.
Su propósito es que el cambio de titularidad no altere la experiencia de quienes acuden diariamente al establecimiento. Por ello, durante las dos primeras semanas recibirá formación directa de Sergio y Juana, que le enseñarán la organización del trabajo, la preparación de los productos y los detalles del funcionamiento cotidiano.
«Durante estos próximos quince días, Sergio y su mujer Juana estarán enseñándome todo, ya que la idea es que El Pilar continúe ofreciendo el mismo servicio y producto», señala.
Juana le enseña los secretos de la cocina
Una de las principales preocupaciones del nuevo propietario es mantener la oferta gastronómica que ha dado fama al establecimiento, especialmente sus desayunos y bocadillos preparados al momento.
Yonatan se ocupará personalmente de la cocina y ya está recibiendo las enseñanzas de Juana Quintana, cuya experiencia resulta fundamental para conservar la forma de elaboración de los productos.
El bar El Pilar prepara una media de más de 1.000 bocadillos semanales, una cifra que refleja la actividad de un negocio que ha conseguido mantener una clientela fiel durante décadas.
La preparación inmediata, la selección de materias primas, los precios ajustados, la limpieza y el trato profesional han sido algunos de los principios de trabajo de la familia Ruano.
El nuevo responsable pretende conservar estas características, consciente de que buena parte del atractivo del establecimiento reside precisamente en la continuidad de una oferta conocida por sus clientes.
El objetivo es que quienes acudan a desayunar sigan encontrando los mismos productos y una atención similar, aunque cambien las personas que estén detrás de la barra.
Pablo continuará y se incorporarán dos trabajadoras
El relevo también contempla la continuidad de parte del equipo humano que ha trabajado hasta ahora en el establecimiento.
Pablo, uno de los hijos de Sergio y Juana, permanecerá como empleado de la nueva propiedad, una decisión que permitirá mantener la experiencia acumulada por la familia y facilitará la adaptación de Yonatan a las exigencias del negocio.
Además, el nuevo responsable tiene previsto contratar a dos trabajadoras, con la intención de conservar el mismo número de personas que integraban la plantilla hasta el momento del traspaso.
«Su hijo Pablo continuará conmigo y contrataré a dos chicas, con la intención de disponer del mismo número de personas que conformaban el equipo de El Pilar hasta ahora», explica Yonatan.
La organización de este nuevo equipo se desarrollará durante el periodo de transición, mientras los anteriores propietarios colaboran en la puesta en marcha de la nueva etapa.
El mismo nombre y el mismo horario
Uno de los aspectos que Yonatan Rodríguez ha querido dejar claros desde el primer momento es que El Pilar continuará llamándose El Pilar. Tampoco se prevén modificaciones en la filosofía del establecimiento ni en su oferta habitual de desayunos y bocadillos.
El horario seguirá siendo el mismo: de lunes a viernes, de 6.00 a 13.00 horas, una franja especialmente vinculada al desayuno y a la actividad matinal del casco de Valsequillo.
La intención es que el negocio continúe funcionando como hasta ahora, sin alterar las costumbres de los vecinos que lo frecuentan.
Durante las próximas semanas, Sergio y Juana acompañarán al nuevo responsable para facilitar el relevo y resolver las dudas que puedan surgir en el funcionamiento diario.
Un bar que ha visto crecer a varias generaciones
Más allá de su actividad hostelera, El Pilar representa una parte de la memoria cotidiana de Valsequillo. Durante medio siglo ha sido escenario de encuentros entre vecinos, conversaciones sobre la actualidad municipal y desayunos compartidos por personas de distintas generaciones.
Muchos de sus actuales clientes comenzaron a frecuentarlo cuando eran jóvenes, mientras que otros lo conocieron a través de sus padres o abuelos. El propio Yonatan Rodríguez forma parte de esa historia, pues recuerda haber acudido al establecimiento cuando era niño.
Ahora, quien antes se sentaba como cliente tendrá la responsabilidad de mantener abierto uno de los negocios más reconocibles del casco.
La continuidad del bar evita que desaparezca otro establecimiento tradicional y permite que su actividad siga vinculada a la vida social y comercial del municipio.
Una despedida sin cierre
Para Sergio Ruano y Juana Quintana, el traspaso supone dejar atrás 37 años de trabajo diario, madrugones, preparación de desayunos y atención a miles de clientes. Su retirada de la gestión no significará, sin embargo, el cierre del negocio al que han dedicado buena parte de su vida.
Durante los próximos días seguirán presentes para ayudar al nuevo propietario y garantizar que la transición se realice con normalidad.
Después llegará el momento de que Yonatan Rodríguez asuma plenamente las riendas de El Pilar, acompañado por Pablo y las nuevas incorporaciones a la plantilla.
Cambiará la persona que dirige el establecimiento y, con el tiempo, los clientes tendrán que acostumbrarse a no encontrar a Sergio detrás de la barra. Pero el local seguirá abriendo temprano, preparando sus bocadillos y sirviendo los desayunos que han acompañado durante décadas las mañanas de Valsequillo.
El Pilar cambia de manos, pero no de identidad. Y ese es precisamente el propósito de su nuevo propietario: continuar escribiendo la historia de un bar que lleva medio siglo formando parte de la vida del pueblo.










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