Desde La Barrera
El bufón sin corte: ladrando a la nada en Valsequillo
Entre insultos baratos y delirios de grandeza, el cronista de pacotilla confunde crítica con pataleta y se queda más solo que la una

El Bufón de San Roque vuelve a escena. Lástima que ya no quede público. Solo él, su teclado y un espejo donde aplaudirse.
Presume de no insultar. Y acto seguido reparte collejas verbales como si fueran flyers en un mercadillo. Dice que no cae en el fango. Pero se revuelca en él con un entusiasmo digno de cerdo en charca. Afirma que es “referencia informativa”. Lo cierto es que es referencia… de sí mismo.
Su gran obsesión: Luis Verde. Como si este humilde cronista fuese el problema de Valsequillo. Las carreteras rotas, el agua que no llega, la basura acumulada… nada importa. Lo que de verdad le quita el sueño es saber quién escribe detrás de un pseudónimo. Menudo nivel.
Habla de “seguidores en aumento”. Y uno se pregunta: ¿seguidores o voyeurs del ridículo? Porque la curiosidad morbosa también suma clics. El ego se lo cree. El pueblo, no.
Lo más delirante es su pose de mártir: “nos atacan porque decimos la verdad”. No, bufón. Te atacan porque eres cansino. Porque confundes crítica política con culebrón de barrio. Porque cada vez que escribes, suena más a pataleta que a periodismo.
Alardea de “destapar chanchullos”. Lo único que destapa son sus propias frustraciones. Lo único que aclara es su incapacidad para hablar de otra cosa que no sea él mismo. Ni agua, ni urbanismo, ni servicios. Solo egocentrismo.
Al final, su “gran medio” no es más que un perfil de Facebook con delirios de grandeza. Una fan page sin fans. Un altavoz que solo devuelve eco.
En resumen: el Bufón de San Roque se ha quedado solo. Más solo que la una. Más solo que su timeline. Y lo peor: todavía cree que alguien lo toma en serio.
Al final, el Bufón de San Roque no incomoda al poder, no destapa tramas, no cambia nada. Solo entretiene al pueblo con su show barato de insultos y autofelaciones digitales. Un bufón sin corte, sin público y sin gracia.
El único “maldito perro” que anda suelto en Valsequillo… es él mismo, ladrando a la nada.
Luis Verde, vecino declarado AntiBufón.



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