HISTORIA| Un retrato de la sociedad valsequillera del siglo XIX
El padrón parroquial de 1829 revela cómo vivían y quiénes eran los vecinos de Valsequillo
Un estudio histórico rescata los datos demográficos y sociales de los 2.338 habitantes censados en el municipio hace casi dos siglos

Un documento parroquial fechado el 30 de septiembre de 1829 ha permitido reconstruir, con detalle inédito, la estructura poblacional y familiar del municipio de Valsequillo a comienzos del siglo XIX. El estudio, realizado por el historiador Jesús Emiliano Rodríguez Calleja, analiza el primer padrón completo elaborado en la parroquia de San Miguel Arcángel, tras la independencia eclesiástica del territorio respecto a San Juan Bautista de Telde.
El padrón, custodiado en el Archivo Histórico Diocesano de Las Palmas, registra 557 casas y 2.338 personas distribuidas por los 28 núcleos que conformaban el municipio: desde Tenteniguada, Era de Mota y el pueblo de Valsequillo, hasta pequeños pagos como El Helechal, Las Casillas, Tecén, Los Llanetes o Valle de Casares.
Una comunidad de familias humildes y trabajadoras
El análisis del documento revela una sociedad eminentemente rural y autosuficiente. La familia nuclear —un matrimonio y sus hijos solteros— era la forma de convivencia predominante, representando el 86% de los hogares. Las viudas con hijos eran también numerosas, un reflejo de la alta mortalidad masculina por trabajos agrícolas y las duras condiciones de vida.
Cada vivienda albergaba, de media, 4,2 personas, aunque en los barrios más poblados como Tenteniguada o Era de Mota el número ascendía a casi cinco. El padrón también recoge 49 personas que vivían solas, la mayoría mujeres, y la presencia de niños expósitos o “santaneros”, acogidos por familias del municipio, una muestra de la solidaridad social de la época.
Mortalidad, epidemias y emigración
El estudio confirma que Valsequillo sufrió una alta mortalidad infantil y varias epidemias, especialmente la viruela de 1825 y la viruela gangrenosa de 1828, que diezmaron a la población. Más de la mitad de las defunciones registradas en la primera mitad del siglo XIX correspondían a niños menores de diez años.
El documento también recoge los primeros indicios de emigración hacia América: un joven de 22 años, vecino de Era de Mota, aparece registrado como “ausente en La Habana”, evidencia de un fenómeno que marcaría la historia de muchas familias valsequilleras.
Un espejo social y religioso
El padrón fue elaborado con fines religiosos, no civiles, y certifica que “todos los vecinos han cumplido con el precepto anual de Nuestra Santa Madre Iglesia”, según dejó escrito el párroco Agustín José de Sosa, quien también encabezaba el registro junto a sus tres primas.
El documento permite, además, identificar algunos hogares distinguidos, como el del presbítero Francisco Macías o el matrimonio Navarro-Macías, con criados y propiedades, una minoría en un contexto general de economía agraria modesta.
Valsequillo, un retrato vivo de 1829
En términos demográficos, el estudio muestra una población equilibrada por sexos (51% hombres, 49% mujeres), con casi la mitad de sus habitantes menores de veinte años. La esperanza de vida era baja, apenas unos 50 años, y pocos vecinos superaban los 80, como el caso de Francisco González Vega, de 89 años, vecino de Era de Mota.
Comparado con datos posteriores, el crecimiento entre 1805 y 1829 fue escaso, apenas un 0,65% anual, lo que sitúa a Valsequillo en línea con el lento desarrollo poblacional del interior de Gran Canaria en la época.
Este padrón parroquial, convertido hoy en una fuente esencial para la historia local, ofrece una radiografía humana y social del municipio hace casi dos siglos: una comunidad de campesinos, artesanos y familias unidas por la fe, el trabajo y la resistencia frente a las adversidades.










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