Desde de La Barrera
El sosete: del analfabetismo al análisis, sin pasar por la redacción
El mismo personaje que no sabe poner una tilde, ahora se nos presenta como analista de medios, politólogo de mercadillo y salvador del periodismo local

En Valsequillo no hay semana sin función. El mismo personaje que no sabe poner una tilde, ahora se nos presenta como analista de medios, politólogo de mercadillo y salvador del periodismo local. El bufón sosete ha descubierto que existen las “primicias” y que copiar noticias tiene su ciencia. Milagro de las redes: quien nunca aprendió a escribir, ahora dicta cátedra sobre el oficio.
Con su habitual desparpajo y esa sintaxis que ni el corrector ortográfico soporta, ha decidido declarar que “la prensa de Valsequillo gana nivel”. Claro, nivel subsuelo. Dice que “ya son más los que van a remolque”, cuando el único que rema sin rumbo es él, perdido entre comas y delirios de grandeza. Porque el tipo no informa: interpreta (mal), copia (peor) y publica (tarde).
En su nuevo sermón digital se atreve incluso a hablar de “rigor” y “veracidad”. Y uno no sabe si reír o llorar. El rigor, en su caso, debe ser ese con el que retuerce los datos hasta que encajan en su libreto de fantasías. Lo de “veracidad” es más delicado: si la verdad tuviera patente, ya le habrían embargado por falsificación reiterada.
Dice también que “en Valsequillo ya se respiran otros aires”. Será el olor del papel quemado tras tanto “copiar y pegar”. Asegura que “las noticias se escapan por las rendijas de los cajones de Atta”, cuando lo único que se escapa es su credibilidad. Y mientras se infla el pecho proclamando que “no presume”, su ego le rebosa por los bordes como café de tasca.
Por suerte, el pueblo ya lo tiene calado. Nadie se cree su pose de Robin Hood de la información. Ni su “página referente” ni su “independencia editorial” inventada en un rato libre entre faltas de ortografía. Porque el bufón sosete no es periodista: es un comentarista de pasillo con aires de iluminado, que se cree medio cuando apenas llega a medio chiste.
Y mientras él celebra su “gran popularidad”, en realidad solo confirma lo que todos sabíamos: que en Valsequillo hay mucho ruido, pero poco periodismo.
Luis Verde, vecino declarado antibufón.



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