SOCIEDAD|Cuidando su tierra
Un gesto que florece: un vecino de Tenteniguada planta almendreros y suma vida al paisaje de Valsequillo
La iniciativa de Lelo del Pino, apoyada por Desarrollo Local, simboliza el arraigo y el compromiso vecinal en la antesala de la Fiesta del Almendrero

En Valsequillo, la llegada de la Fiesta del Almendrero no solo se celebra: también se cultiva. Y este domingo, cuando el municipio afinaba los últimos preparativos para una de sus citas más emblemáticas, un gesto sencillo volvió a recordarle a todos el profundo vínculo entre la gente y su tierra.
El protagonista es Lelo del Pino, vecino de Tenteniguada, que decidió dedicar la mañana a plantar almendreros en un enclave privilegiado del barrio: el entorno del cementerio, un mirador natural que abraza laderas, montes y el horizonte del valle.
Sin convocatorias oficiales ni actos públicos, la estampa fue la de un vecino con azada y tierra húmeda, trabajando en silencio, contribuyendo con un árbol —o varios— a embellecer un paisaje que ya de por sí respira tradición y memoria.
Un gesto que suma y contagia
La iniciativa de Lelo no pasó desapercibida. Desde la Concejalía de Desarrollo Local, que dirige Víctor Navarro, se facilitó la aportación de los almendreros, honrando así una acción que, aunque pequeña, tiene un fuerte componente simbólico en un municipio que vive la floración como parte de su identidad.
El gesto conecta con un sentimiento colectivo: cuidar lo que es de todos, mejorar el entorno sin esperar grandes obras y, sobre todo, sumar belleza a un paisaje que este mes vuelve a teñirse de blanco y rosa.
Un preludio perfecto para la Fiesta del Almendrero
La plantación de estos almendreros llega justo en la semana grande del municipio. Mientras Valsequillo se prepara para recibir a miles de visitantes, las guaguas especiales se organizan, los caminos se revisan y los puestos de artesanía afinan detalles, la acción de un vecino recuerda algo esencial: La fiesta no es solo música, folclore y tradición. Es también el trabajo silencioso que día a día sostiene el paisaje. Es el cariño de quienes sienten la tierra como parte de la familia.
Un municipio que florece desde dentro
Cuando estos almendreros crezcan —como ya lo hacen los que cada febrero pintan de luz el valle— serán parte de un paisaje que cuenta historias: de quienes sembraron, de quienes conservaron y de quienes entendieron que un árbol puede ser, también, una forma de pertenencia.
En Valsequillo, la fiesta del almendrero empieza mucho antes de que suenen las parrandas. Empieza aquí, con gestos como este. Con manos vecinas que ponen raíces donde otros pondrían olvido.










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