Editorial
El Gobierno de Valsequillo en la cuerda floja: ¿diálogo o colapso?
La pérdida de control sobre el Pleno y la merma de su margen de maniobra financiera no solo complican su capacidad de gobernar, sino que amenazan con paralizar la actividad municipal

La reciente salida de la concejala Lucía Melián del grupo de gobierno en Valsequillo ha cambiado de manera drástica el equilibrio de poder en el Ayuntamiento. Su paso a la condición de no adscrita ha dejado en minoría al pacto ASBA-CC que lidera el alcalde Francisco Atta, debilitando la estabilidad de un Ejecutivo que ahora se enfrenta a una oposición reforzada y decidida a marcar el rumbo de la gestión municipal.
El golpe no ha tardado en materializarse. En la última sesión plenaria celebrada ayer, la nueva mayoría, conformada por los grupos AV, El Cambio Necesario y Plataforma Vecinal Tajinaste, ha impuesto una reducción del 30% en los sueldos de los concejales del Gobierno y ha revocado las competencias delegadas en la Junta de Gobierno Local y la Alcaldía, tal y como adelantó VALSEQUILLOACTUALIDAD. Estas medidas, más que un ajuste administrativo, son una clara declaración de intenciones: la oposición no solo ha ganado fuerza, sino que está decidida a ejercerla.
El pacto ASBA-CC se encuentra ahora en una encrucijada. La pérdida de control sobre el Pleno y la merma de su margen de maniobra financiera no solo complican su capacidad de gobernar, sino que amenazan con paralizar la actividad municipal. La única salida viable parece ser el diálogo y el consenso con la oposición, un ejercicio que requiere habilidad política, cesión de espacios y un cambio en la dinámica de trabajo. Sin embargo, si el equipo de gobierno persiste en una estrategia de confrontación o resistencia, se expone a un bloqueo institucional que puede desembocar en una moción de censura.
La historia política reciente de Canarias demuestra que los gobiernos en minoría suelen tener un recorrido complicado, especialmente cuando las fuerzas opositoras tienen la capacidad de imponer su agenda. En Valsequillo, la gestión municipal entra en una nueva fase donde la capacidad de negociación y la flexibilidad serán clave para evitar el colapso administrativo.
En este nuevo escenario, Francisco Atta y su equipo deben decidir si se aferran a un poder menguante o si transforman su debilidad en una oportunidad para reconstruir consensos y dar estabilidad a la gobernanza local.
El desenlace de esta crisis política dependerá de la voluntad de ambas partes de encontrar puntos en común. Pero lo que ya está claro es que el Valsequillo que hoy se despierta es distinto al de ayer: con un gobierno debilitado y una oposición con el timón en las manos.



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